domingo, 10 de abril de 2011

Capitulo 1

PRÓLOGO

Un cielo rojo, como si el sol estuviese pegado a la tierra. Una tierra desértica.. Se veían personas con mascaras anti gas y trajes extraños. Él tan solo tenía algo de ropa vieja que pudo encontrar en un tendedero que estaba abandonado. Se notaba enfermo, como si su cuerpo perdiese fuerzas, no podía casi ni andar, pero aun así seguía adelante, intentando proteger su vida contra la asfixia y el gran dolor de los músculos.

Comenzaba a caer, y ya no podría seguir. El mundo estaba acabado para él.


CAPÍTULO 1 Día 19 de Marzo a las 5:00

Estaba Sam tumbado sobre su cama, esperando a que empezase a asomar el sol por la ventana para levantarse. Pero aun era demasiado pronto para eso, así que se levantó de la cama poco animado y fue al baño a darse una ducha para despejarse. Estaba tan solo como solía estar siempre, tan solo acompañado por un gato. La casa era bastante triste, ya que era de colores grises y blancos. Después de la ducha, bajó a la cocina a desayunar. Al mirar la nevera y ver que tan solo había una botella de leche que no sabía si aun estaría bien y unos huevos, decidió hacer unos huevos fritos y un poco de café solo. Al ver una vez hecha la comida, ya le había entrado mas hambre. Una vez termino de desayunar se asomó a la ventana.

Ya era de día, aunque aun se veía un poco de oscuridad, pero en el horizonte ya salía el sol. Miró el reloj y vio que ya eran las siete. Pensó que lo mejor que podía hacer era ir a la universidad para continuar la investigación que tenia empezada. Salió de su casa sin pensarlo mucho, y fue hacia la universidad. El trayecto era corto, pero aun así, el cogía el coche por comodidad.

Una vez en la universidad, vio a Jack, un joven que le ayudaba en las investigaciones. Era normalmente callado aunque con el, se comportaba de otra forma, ya que se conocían desde hace tiempo.


–Hola Jack –Dijo Sam.

–Hola señor March –Respondió Jack.

–Te he dicho muchísimas veces que me llames Sam –Dijo con voz alegre Sam.

Jack sonrió mirando fijamente a Sam, mientras este ojeaba unos papeles de la mesa. Jack al ver a Sam mirando los documentos tan fijamente comenzó a explicarle.

–Llevo desde muy temprano aquí –Comentó–.Me ha dado tiempo a comenzar a hacer las pruebas pendientes con varias especies de Mus musculus.

A Jack le encantaba usar los nombres científicos de los animales, aunque a Sam le irritaba un poco que siempre los llamase de la forma mas complicada posible

–Ya te he dicho que no tienes porque decirlo así –Dijo Sam–.Puedes llamarlo ratón.

Jack se subía las gafas mientras señalaba con la otra mano a uno de los ratones.

– ¿Por qué señalas a ese ratón? – Dijo Sam mientras lo miraba.

Mientras esperaba la respuesta de Jack, pensaba en que le pasaba al ratón, ya que según lo que había podido leer en el informe de la mesa, todo seguía igual.

–Ese ratón lleva haciendo cosas extrañas desde que he probado la mezcla que teníamos preparada en el tubo de ensayo –Respondió.

Se quedaron mirándolo fijamente un rato, cuando comenzó a dar vueltas como si se hubiese vuelto loco, hasta al final acabar parándose muerto en una esquina de la jaula.

Era un comportamiento extraño, dado que solían ser muy tranquilos, pero algo de lo que se le había inyectado le estaba afectando.

El trabajo de ellos en esta investigación consistía en hacer pruebas a esos ratones, comprobando diferentes substancias mezcladas para ver su comportamiento, ya que esas substancias eran para nuevos compuestos médicos.

En este caso, estaban probando para un tratamiento de pacientes con leucemia promielocítica aguda, que contenía trióxido de arsénico, pero aún no estaba comprobado, y esta era una de esas pruebas. Ese ratón tenia leucemia, pero por lo que se podía ver, este tratamiento hacia algo extraño en el.

Al ver estas raras actuaciones, se pusieron el traje de protección y una mascarilla y comenzaron por sacar al ratón, para hacerle una autopsia y ver si podía haber afectado al cerebro.

Lo pusieron sobre una tabla especial para autopsias de animales tan pequeños, y comenzó la autopsia. Comenzaban a abrir y primero intentaron ver si el cerebro estaba bien, y se mantenía perfecto. Pasaron a abrir la zona del tórax, y hay vieron en el corazón que se mantenía algo oscurecido y todo el aparato respiratorio estaba mal.

Notaron algo extraño en su organismo. Todo el aparato respiratorio como si hubiese tenido graves problemas respiratorios. Esto no era un síntoma que podía provocar el trióxido de arsénico.

Al ver este extraño caso, decidieron ir al director de la investigación, para informarle y ver si él sabía que podía pasar.

Salieron de la habitación, se limpiaron al completo y se quitaron los trajes. Después fueron hacia el despacho del señor Truman, un hombre de mediana edad, de procedencia inglesa que era el director de la investigación que trataban.

– Hola señor Truman –Dijo Sam –.Tenemos algo extraño en el laboratorio.

Rápidamente el director les miro, con una cara de sorpresa inesperada.

– ¿Qué ha pasado? –Respondió rápidamente el director.

En ese momento se quedaron los dos pensando en como explicarlo al director y decidieron que lo mejor es que lo viese con sus propios ojos.

–Será mejor que venga –Dijo Jack–.Sera más fácil de explicar si lo ve.

Se dirigían los tres hacia el laboratorio, esperando que el director supiese de que se trataba esa enfermedad. Cuando llegaron, se pusieron los trajes y entraron al laboratorio. Había pasado algo, estaban todos los ratones muertos.

–¿Qué ha pasado aquí? –.Dijo el director.

–No lo sabemos –Respondió rápidamente Sam –. Solo probábamos la medicina que teníamos que probar, pero antes de que incluso pudiese hacer efecto uno de los ratones estaba muriéndose, y los otros dos acaban de morir.

Rápidamente se pusieron a enseñarle el cadáver del ratón muerto al que habían hecho la autopsia.

–Aquí pasa algo raro –Dijo el director –. Será mejor que analicemos muestras en otro laboratorio.

Después de esto, el director se fue a su despacho. Sam y Jack continuaron cogiendo muestras del cadáver de ratón.

Después de un rato recogiendo muestras, lo pusieron en un bote sellado porque no sabían si podría ser algo toxico. Se quitaron los trajes y fueron a un laboratorio cercano.

Sabían que podía ser algo peligroso así que fueron a uno preparado para substancias toxicas o peligrosas. Se pusieron de nuevo los trajes y entraron al laboratorio.

Entraron a él y con ayuda de un científico de la universidad especializado en pruebas como esa, y después le explicaron lo que tenía que hacer.

Una vez explicado salieron del laboratorio y dejaron al joven científico solo con las pruebas.

Sam fue a comer a la cafetería de la universidad, ya que eran las dos de la tarde y empezaba a tener hambre. Jack al ver a su compañero ir hacia la cafetería le siguió. Había preparado ya, algo de lomo con tomate y un poco de ensalada de pasta. Sam odiaba la ensalada, así que cogió un poco de lomo y empezó a comer. Mientras que Jack cogía un poco de ensalada y se sentaba frente a Sam.

Al acabar de comer, empezaron a hablar sobre que podía haber sido lo sucedido, pero no tenían ni idea. Así que decidieron volver con otros trabajos que tenían pendientes.

Sam fue a su despacho a rellenar unos informes que tenía pendientes desde hacia unas semanas y Jack salió de la universidad para hablar con un laboratorio para unos pedidos.

Sam era rápido escribiendo a mano, pero era bastante malo escribiendo a ordenador, así que solía hacer todos sus informes a mano, aunque no le gustase mucho a sus compañeros.

El señor Truman entró en el despacho de Sam para ver si habían descubierto algo nuevo sobre la muerte de los ratones, aunque en realidad sabía que no podría haber sido tan rápido.

– ¿Se puede pasar? – Dijo el director ya desde dentro de la habitación.

Sam le miro levantando la mirada de los impresos que estaba rellenando, con una cara un poco cansada y preguntándose a si mismo que porque preguntaba si ya había entrado. Pero no podía comportarse así con su jefe.

–Claro ¿querías algo? –Dijo Sam un poco irritado.

Miró su reloj y vio que era tardísimo, se le había pasado todo el día muy deprisa después de comer.

–Venia a ver si ya sabias algo nuevo de lo del ratón – Dijo el director.

El señor Truman, había notado en la cara de Sam el cansancio, y se quedo un momento callado mientras le contemplaba escribiendo.

–No, aun es pronto para saber algo –Respondió Sam.

–Sam, deja eso para mañana, ya es tarde y llevas horas escribiendo – Le propuso el director.

Y Sam al ver que ya eran las doce y media de la madrugada, decidió hacerle caso e irse a casa, para descansar.

–Si, creo que será lo mejor – Decidió Sam.

No hay comentarios:

Publicar un comentario